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5 de enero

 La pérdida de mi padre fue el último vínculo. Hacía años que creí haber dado ese paso, vinculando allá donde fui. Cuando te vas lo haces con la voluntar de cambio y mejora. Mi vida se convirtió en un continuo viaje de ida y vuelta, mientras vivieron mis padres. La acusación sobre mi desarraigo me la hago muchas veces. Ya no hay retorno. Cambias. Lo que dejaste se desprende de ti, y queda amar a ese imaginario en que tus recuerdos se tejen. Escribir me permite colocarlos en el aire como esas mariposas de colección sobre una vitrina de blog. Muchas de mis entradas en blog son esas mariposas fugaces y perecederas.

Miércoles, 31 de diciembre

 31 de diciembre del 2025 Amanecí temprano.  Aún las luces de la noche encendidas. Frío. Cuatro grados. Para Vigo esa temperatura es muy baja. Desayuné antes de las ocho. Llevaba días levantando más tarde. Por allí las nueve o más. A ver si es volver a mis rutinas, aunque la luz natural no me acompañe. Sigo trasteando con aplicaciones para conseguir vídeos con mis textos. Hoy la casualidad aleatoria me ha llevado a su lectura. Aunque prepararlos para canción me motiva, esa posibilidad colma mis perspectivas. Buscaba eso por otro lado. Ya está a mi alcance. Guardo los audios y con ellos hago vídeos. La IA me lo permite.

Miércoles 21:15 del 22 de octubre. Reflexiones

 Que alguien lea lo que escribo es suficiente. No busco lectores. Quiero escribir. Desde que tengo espacios donde compartir recibo más de lo que hubiera podido imaginar. Siempre me he dado valor. No busco aprobación. Lo que va bien, bien está. Lo que no, otra vez será o a otra cosa mariposa. No importa. Lo importante está en otro lado. La relación con el mundo sería muy dura sin amar y ser amada, en mi caso. Esa estabilidad emocional es lo más. La vida te da y te quita. Perder a las personas que te saben es lo que te quita. Lo material se queda atrás y no cuenta.  Reinventarse en muchos momentos y tirar para adelante.

Mudanzas

 Mudanzas Cambios de mundos posibles. La primera no fue cosa mía. De la que fue casa hasta mis dieciséis a un piso. Decía que no me adaptaría, pero me adapté. Volvía a ver lo que en ella dejé. No recordaría, aunque lo intentara, el momento en que de verdad la dejé. La abandoné. La segunda mudanza ir de Huesca a Barcelona con un equipaje mínimo. En una bolsa bolso que había servido para llevar libros y cuadernos en tiempo de estudios universitarios. De esa fueron goteando en los viajes de ida y vuelta algunas cosas más. Qué poco necesité. Los libros pasaban de mano en mano. Nos los dejábamos. Los míos quedaban en el piso, con muchas de mis cosas. En un mueble que aún estaba allí con ellos cuando estuve por última vez. En el piso conservaba mis recuerdos. Mi habitación fue mía hasta que se la cedí a la mujer que se ocupaba de atender a mis padres, cuando ya no pudieron asumir todas sus necesidades. Perdí mi armario y mis cajones. Ya no quedaba mucho. Era lo imprescindible para poder ...

Muralla

 Amurallados  Amurallados en los nichos, mal llamados piso o apartamento, de cama, aseo, cocina y salón. Sala, se lo oía a mis parientes de tierras monegrinas y hoya de Huesca, donde se recibía, porque la vida diurna se daba en esa cocina de fogón y cadiera. Grandes cambios, pensamos evolucionamos. La casa, no es casa, es la colmena. Los de abajo y arriba, los de los cuatro costados. Unos enfrente otros detrás. Nos molestamos. Normas hay para ruidos que puedan incomodar. Aparatos iluminados como antiguas fogatas, donde las pantallas silencian desgracia y soledad. A cualquier hora, la calle ilumina con semáforos y farolas. Ventanas son faros en esa noche insomne.  Las estrellas no nos pueden titilar porque la noche de ciudad no las deja diferenciar. Ellas iluminaron en años luz ese parpadeo que queremos significar. Cuando mi madre expiró en una estrella la quise significar. ¿Quién mirará ese cielo desde ese mismo lugar? Desconozco quienes llegaron a habitar bajo las estrel...

Cruceristas. Cruceros

 Cruceristas. Cruceros Aquí, en Vigo, muchas veces nos encontramos con personas que denominamos cruceristas. Dicen los taxistas que los contratan por un día, para que les lleven de un sitio a otro. Por ejemplo, al Castro, a Samil, a Ballona,… Dicen ellos, y los que regentan bares y restaurantes del centro, que dejan muy buenas propinas, y que los hay que se llevan la bandejita o plato de la nota o tíquet del consumo. Estuvimos cinco años alquiladlas en un piso con amplias vistas de la ría. Allí veíamos esas moles que surcan océanos y mares. No me atrae nada embarcarme en ese supuesto placer del hay quien hace alarde. Leyendo a Wallace, concuerdo con él en la visión que da en su libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. De mi experiencia turística puedo señalar que podría comparar una y otra experiencia, cuando en viaje organizado me he sentido fuera de lugar, observando una realidad amagada tras una pantalla de idealidad.

De rodillas

 De rodillas Me arrodillaba en la iglesia. La última vez, en el entierro de mi padre. Creo. Igual ya no. Me arrodillaba para fregar el suelo y las escaleras, antes de las fregonas. Mamá pasó por dos operaciones. Una de soltera y la otra siendo yo una niña ya crecida. Dadas sus circunstancias no podía arrodillarse para eso. Se solucionó con un palo que terminaba en una madera gruesa pulida, donde poníamos la bayeta escurrida. Eran los sesenta. Mamá iba a misa los domingos. Allí seguramente seguiría el ritual. Posteriormente dejó de ir y la siguió en la televisión. Hay otra actividad que no cito. Se puede pensar.