Se idealiza un mundo inexistente. Caemos en la trampa de pensarnos en un paisaje oblicuo escrito en refracciones trazadas de ilusiones amañadas. Sales a la calle con pancarta. Reclamas. Te engañas. Te engañan. Les crees. Les sirves. Respondes a su proclama, creyéndote libre. Defiendes tu miseria. Su riqueza sobre tu esfuerzo se teje. El dinero no nos hará libres. Nos esclaviza. Con él compras. Con él pagas. Número. Dígitos. Acaso crees que no te contabilizan desde que naciste. Agenda. Objetivos. Fines. En el camino. Un destino. Un fin. Nada ni nadie lo evita. Pones unos y quitas otros. Los fines lo justifican. Pones tu cuerpo. Te expones. Cargas en tus espaldas. Ellos todo lo pactan. No te creas nada. Si no les sirves te sacan.
Era en los setenta. Empezaba a no dar explicaciones en casa, porque ya no estaba en casa. Casa estaba en Huesca y yo en Barcelona. Trabajaba. Elegí la ciudad. Mi origen no me bastaba. Leer. Ir al cine y al teatro. No andar saludando a todo el mundo por la calle, porque era como un pueblo, sin sus ventajas. Entonces un libro. El que leía. Casi siempre prestado. Incluso andando lo iba transitando. En el transporte público. En un bar o cafetería. No lo exhibiría. Entonces forrarlo incluso con papel de periódico par no manosearlo demasiado. Recuerdo uno de los que dejé yo, que cuando volvió a mis manos estaba tan desgastado que parecía venir de vete a saber dónde. Incluso con manchas y arrugas. Creo que por él nunca más dejé otros. Preferí regalarlos. Desprenderme de ellos para evitar verlos zarandeados.
Esencial La muerte es temporal. No se para el mundo. Los muertos dejan de estar. Si forman parte del nuestro, nos desangrarán, nos romperán, nos deshilacharán el alma, nos crujirán; pero el mundo no para. No se interrumpe. No hace un impasse. Nada puede esperar. Caen unos y otros vendrán. Los nuevos se alegrarán. Una plaza, un puesto para ocupar. La muerte la encontró en línea. Desbarate de ese instante. Donde sea que estemos, ella no espera a otro momento. Sentirse mal y pensar en reponernos es lo supuesto. Aquel día salió de su casa a trabajar. Aquel día no sabía que era un viaje sin retorno. Sin despedidas. Sin avisos. Fue su final. Ahora los vivos se ocuparán. La vida sigue para los demás.
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